Limpie y lubrique las guías del cajón: A menudo, una simple limpieza y lubricación pueden solucionar el problema. Utilice un paño suave para limpiar la suciedad o el polvo de las guías y luego aplique una capa fina de lubricante seco, como spray de silicona, polvo de grafito o cera de parafina. Tenga cuidado de no lubricar demasiado, ya que esto puede atraer más suciedad.
Apretar los tornillos: Verifique todos los tornillos que sujetan las guías del cajón y el cajón en su lugar. Asegúrese de que estén ajustados y no sueltos. Apriete los tornillos flojos con un destornillador.
Ajustar las guías del cajón: Si las guías del cajón no están alineadas correctamente, el cajón puede chirriar. Verifique que las guías estén niveladas y que el cajón se deslice suavemente hacia adentro y hacia afuera. Si es necesario, ajuste las guías aflojando o apretando los tornillos que las sujetan en su lugar.
Reemplace las guías del cajón: Si los corredores están dañados o desgastados, es posible que sea necesario reemplazarlos. Puede comprar guías para cajones nuevas en una tienda de mejoras para el hogar. Asegúrese de medir la longitud de los corredores viejos antes de comprar unos nuevos.
Utilice revestimientos para cajones: Los revestimientos de los cajones pueden ayudar a reducir la fricción y evitar que el cajón chirríe. Coloque un forro de fieltro, goma o silicona en el fondo del cajón.
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